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Desdén

Desdén
Creative Commons License photo credit: ellhoisa

Se sentía mal. No conseguía hacerse entender y por más que buscaba una mirada para explicarlo le respondían con el tan manido ‘eso es normal, no te preocupes’. Claro que se preocupaba. En unos meses iba a ser intervenida quirúrgicamente y un órgano sería extraído. Nunca había pensado en su útero y mucho menos como algo que fuera a extrañar. Nunca se había planteado tener hijos y ahora que iba a ser extirpado tampoco sentía nada. Sólo deseaba que las molestias de los cuatro miomas de entre 6 y 8 centímetros le ocasionaban se acabasen.

Y allí estaba. Sentada en la consulta de la ginecóloga esperando que le contase cómo iba a resultar la operación, por qué había ocurrido, que le explicase que aún sin útero seguiría manteniendo la función ovárica. Esperaba que le contase cómo sería la intervención, y si el postoperatorio que le esperaba iba a ser doloroso. Tenía pánico al dolor. Pero nada de eso ocurrió. La experta se limitó a rellenar papeles para el preoperatorio y mientras lo hacía, sin levantar la vista, le repetía una y otra vez: ‘Sabes que sin útero no podrás ser madre’. Ella intentó explicarle que ese precisamente no era el tema que más le preocupaba pero la ginecóloga siguió insistiendo. ‘Nunca serás madre’. Lo repetía casi como un mantra.

Y se armó de valor y con un tono más elevado de lo que acostumbraba dijo: ‘querrá decir que no podré ser madre biológica, madre puedo ser siempre que quiera adoptar’. ‘Bueno, si a eso lo consideras ser madre…’ le espetó mientras ponía pegatinas en los formularios. Sin levantar la vista de ellos. De manera mecánica.

Ahí la desarmó. ¿Qué cabría esperar de un ser que responde de esa manera? Al final con un ‘sobre mi maternidad decido yo y no usted, pero mientras tanto podría explicarme unas dudas que tengo al respecto?’ El Ser respondió: ‘cuando vayas a entrar a quirófano preguntas lo que sea al cirujano. Vuelve en 15 días para los resultados. Adiós’. Con un gesto de desdén entregó los papeles para el preoperatorio y mandó a su enfermera que llamara a la siguiente paciente.

Salió compungida. Quería entrar y gritarle que su obligación es explicar todas las dudas de los pacientes. Que luego no se quejen si acaban yendo a Internet para buscar información. Una información que ella no había sabido darle. Que era un pésimo médico, por muchos años de experiencia que tuviera. Que no necesitaba complicidad, ni irse de cañas, pero sí un mínimo de empatía. ¡Coño, al fin y al cabo a la que le iban a quitar un órgano era a ella!

Cuando se quiso dar cuenta estaba pidiendo cita en la mesa de admisiones. Se juró a si misma que cuando volviera a verla dentro de 15 días se lo diría absolutamente todo. Le exigiría que levantase la cabeza de los putos papeles y le mirase a los ojos si quería diferenciarse del resto de personal médico igual de inepto que ella.Le gritaría si fuera necesario. 

Estoy esperando que me digan la fecha de la operación. No me miró.

Laila El Qadi. Editora del Blog «El Marsupio«

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Sobre Serafín Fernández-Salazar

Padre, Enfermero y Bloguero. Cofundador de La Factoría Cuidando. Coordinador de #PiCuida, Red de Cuidados de Andalucía. Si quieres más información sobre mis proyectos, pásate por www.lafactoriacuidando.com

4 Comentarios

  1. Buen articulo, solo una cosita, las enfermeras no somos de ningun médico, somos las enfermeras de nuestros pacientes

  2. Me gustaría saber por qué este tipo de personas decidieron hacerse médicos, porque en esta profesión es tan importante ser buen profesional como ser humano. Me gustaría verlos a ellos en un restaurante, una tienda, una ventanilla de cualquier administración, un profesor de sus hijos, en fin cualquiera en su puesto de trabajo, que los tratase como ellos tratan a sus pacientes, habrá que ver cuantas veces ponen el grito en el cielo por no ser atendidos como sus «Señorias» se merecen.
    Es que no es tan difícil, ser amable, escuchar y sobre todo entender que la persona a la que estas atendiendo de una forma u otra está poniendo su vida en tus manos, con sus miedos, sus dudas, sus incertidumbres.

  3. Ya sabemos que estas cosas pasan, pero nunca las denunciaremos bastante ni hablaremos bastante de ellas. Creo que si cualquier manifestación sirve para hacer reflexionar a los profesionales sanitarios sobre el hecho de que su profesión no es una profesión cualquiera, habrá servido de mucho.
    Esta profesión tiene unas exigencias más allá de los conocimientos y habilidades técnicas, un mucho de sufrimiento empático controlado, de inteligencia emocional aplicada al trato al paciente, de humanidad y en definitiva de vocación.

  4. Gracias por el post. Y muchas gracias a todos los profesionales que trabajan día a día por humanizar la asistencia sanitaria.

    Un beso 🙂

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